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Qué te ayuda a resolver este artículo
La proteína más barata no siempre es la compra más inteligente. Importan también su flexibilidad, el riesgo de desperdicio y cuántas comidas puede sostener.
La proteína puede dominar la factura de la compra sin que te des cuenta, por eso conviene pensar en valor y no solo en el precio del paquete.
Una proteína barata es más útil cuando funciona en varias comidas, se conserva bien y no genera mucho desperdicio. Por eso legumbres, huevos, muslos de pollo, tofu, lentejas, pescado en conserva y yogur aparecen una y otra vez en cocinas que gastan con cabeza.
